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La nueva colonización de las súper potencias es la más perversa de toda la historia de la humanidad. Nos permiten ahogarnos en nuestras miserias tercermundistas…

Finca La Guacamaya.

En la época del Imperio Romano, los colonizadores llegaban a los territorios inexplorados con toda suerte de armamento y humanidad a implantar las nuevas condiciones de vida en favor del Imperio. Esto quiere decir, que, las nuevas tierras se sometían y de ahí en adelante debían pagar impuestos al Emperador del momento. Esto es bastante claro en las películas de Hollywood que todos observamos en Semana Santa. Es evidente que los romanos tenían el gobernador (Por ejemplo, Poncio Pilato), quien se trasladaba con su familia a la tierra colonizada, como un representante físico del Emperador que con su autoridad y la del ejército que lo acompañaba, imponían el orden. En la Biblia también está documentado la forma de proceder en los lugares dominados y cómo cobraban los impuestos. Incluso, uno de los apóstoles de Jesús, llamado Mateo fue recaudador de impuestos para Roma antes de tomar la decisión de seguir a Jesús como un apóstol.

En años recientes, el Imperio Británico, también tenía parte de su gente y su ejército en suelo de la India. No es extraño que justificaran el cobro de impuestos a cambio del «orden» que la presencia del ejército imponía en los territorios. Si indagamos en la historia estos dos ejemplos son repetitivos. Sin embargo, el mundo cambió y fue en frente de nuestros ojos. La colonización sigue siendo el sueño de los imperios, pero la diferencia es bastante grande y difícil de descubrir debido a las sutilezas con que se acompaña. La tecnología juega un papel definitivo en este sistema particular.

Con la Organización de las Naciones Unidas en funcionamiento, las invasiones parecen de antaño. Los aviones, los tanques, y los soldados no son tan cotidianos como antes. Aunque en ciertos casos como Estados Unidos en Afganistan es evidente que se ha seguido presentando. Aparte de este proceso, no es normal observar invasiones como las que ejecutó Hitler con sus países vecinos, es decir, para cobrar impuestos descaradamente. Las invasiones de la actualidad a las colonias no se hacen con ejércitos sino de una manera más elegante, sutil y totalmente voluntaria. Es con servicios e infraestructura. No se necesita ni un solo soldado con armas para obtener el impuesto de las colonias. El pago y la usura es el mismo, solo que se utiliza el gobierno de cada país tercermundista, que a su vez, aumenta los impuestos del pueblo, para pagar la deuda externa que el imperio del momento genera con construcciones monumentales o servicios o grandes desarrollos tecnológicos que ningún país del tercer mundo podría desarrollar por si mismo. Voluntariamente, ponemos los impuestos para la potencia, en el cuello de nuestras vidas.

Para estos imperios es un negocio redondo. No necesitan invertir en traslados de personal, armamento, ni mucho menos preocuparse por ser lo «malos» del paseo ante el mundo. Peor aún, permiten que los países del tercer mundo o en vías de desarrollo o como nos quieran llamar, sigan revolcándose en la corrupción y en libertinajes extremos, sin mover un solo dedo, mientras ellos en sus imperios son autócratas, represivos, matan con pena de muerte a narcotraficantes y corruptos, imponen cadenas perpetuas a consumidores de drogas. No permiten movimientos feministas ni les dan derechos a las minorías. Incluso, les gusta el desorden en que se vive en latinoamérica porque es el caldo de cultivo perfecto para ingresar con sus tecnologías inimaginables con el fin de arrancar el dinero del pueblo. El desorden sirve para que puedan explotar los recursos naturales y mineros que proporcionan la materia prima para las tecnologías que vuelven a cobrar en servicios.

Sería muy deseable que vinieran los soldados de Rusia y China e impusieran el orden en Latinoamérica como a la vieja usanza. Se acabarían los movimientos de las feministas radicales, los corruptos por fin se retractarían de sus fechorías y viviríamos en paz como ellos viven ahora.

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¿La cantidad de suicidios masculinos es característico de nuestra época?

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“Estas estadísticas de suicidio masculino no son algo característico de nuestra época, aunque su crecimiento desmesurado en los últimos años sí lo es. En el siglo XIX, también existía esta tendencia masculina a no soportar los problemas de la vida. Concepción Arenal hizo una comparación muy reveladora del tiempo en que vivió. Lo escribió para incrementar el valor de la mujer. En el tiempo actual en el cual el hombre ha dejado de tener valor personal, es importante tener en cuenta esta apreciación, para considerar con mayor compasión las emociones débiles que ellos manejan por dentro. Ella observó: “A pesar de ver a muchas mujeres con sufrimientos por no ser tomadas en cuenta, o reducidas a la miseria por la sociedad que le cierra la mayor parte de los caminos para ganar su subsistencia, escuchando el grito horrible de sus hijos hambrientos cuando no tiene pan que darles, recibiendo el bofetón ignominioso del desprecio público cuando ha sido débil, expuesta al tedio por falta de ocupación racional y útil, la mujer debía abandonarse a la desesperación con más frecuencia que el hombre y recurrir más veces al suicidio. Y, sin embargo, no era así; el ser débil soporta con mayor fortaleza una vida de dolores; lucha hasta caer herida por la mano de Dios omnipotente, y no por la suya culpable. La proporción varía de unos países a otros, pero en todos es menos el número de mujeres que se suicidan que el de los hombres.” 
Esa incapacidad emocional masculina de enfrentar la vida, sumada al estado actual del mundo, ha hecho que el suicidio se convierta en una salida por causa de la desesperación.»

Concepción Arenal (1989). La mujer del porvenir, la mujer de su casa. Ediciones Orbis. Barcelona, España. pp. 16-18.

Fragmento de: Paola Vélez. “Las Mujeres Son Malas, Los Hombres Son Buenos Por Naturaleza”. Apple Books. www.paolavelez.com

Todos los textos e imágenes son propiedad de Paola Vélez mientras no se diga lo contrario.

 

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¿La religión reprueba lo «Trans»? La religión lucha por el orden.

Hace poco vimos la noticia de un hombre que no se siente cien por ciento humano. Debido ello se implantó unas aletas electrónicas en su cráneo. Se denomina a sí mismo como «Transespecie». En torno a ello, surge la pregunta sobre su condición. Si no se siente humano entonces debe salir del mundo de los derechos del hombre, entre ellos, la democracia, la propiedad, la herencia etc. Pierde sus privilegios como sujeto activo.

Este movimiento que se está gestando frente a todos los que no se sienten humanos, en un futuro cercano, empezará a exigir sus derechos de animales o de seres humanos o de minoría. Con su desprecio al lugar que como humanos tenemos en la naturaleza, lo que realmente desean es demeritarla con el objetivo de darle mayor preponderancia al animal que ellos aman y que lo desean fervientemente en su propio ser. Él se puso sus aletas, por tanto, no podemos dejar de analizar con mayor detenimiento, que son muy importantes en el reino animal. Su acción de ir al Japón a implantárselas, sublima la condición del animal «pez» específicamente. Cada «Transespecie» hará lo propio con su predilecto.

Lo verdaderamente importante en esta situación, es el desorden que nos generan como sociedad en cuanto a la inclusión. Años atrás, el debate se presentaba entre religiosos y «Trans» que se movían supuestamente en el ámbito sexual. Tildaban a los religiosos de «mojigatos» porque se pensaba que ellos se estaban metiendo de lleno en la sexualidad personal únicamente. Y ahí es donde se encuentra la equivocación. El problema en definitiva no tiene que ver especialmente con lo que cada uno decide hacer con su sexualidad, sino con sus demandas incesantes de beneficios por ser una minoría, su victimización. También del desorden que causan en las registradurías (lugares donde se expide la identificación ciudadana), en los formularios de peticiones en las alcaldías, de viajes, de pasaportes, de leyes y demás. La religión aboga por lo sencillo. Si usted tiene un pene pues es hombre, y si tiene una vagina es mujer. Si tiene ambos decida por favor qué quiere ser y luego informa que escogió. Es muy sencillo. De cómo se siente cada día cuando el sol sale, es cuestión propia. Pero estas emociones no tienen que poner a nuestros gobiernos asustados y con una deuda imaginaria, para hacerle creer a la sociedad que son y serán inclusivos. Los desajustes que este desorden genera, traspasa el aparato judicial y muchos estamentos que andaban relativamente bien y sin tropiezos de esta índole. Sin contar con el lenguaje inclusivo que también lo están desordenando, por las emociones de los que se levantan en la mañana pensando que ahora son otra cosa u otra persona.

Para recapitular, es importante dejar claro que la religión busca lo sencillo y por tanto el orden. Cada uno puede pensar según la emoción del momento, lo que desea ser los siguientes años de vida y nadie debe meterse en su sexualidad. La religión quiere orden social para que nuestra vida sea más sencilla. No podemos permitir que nuestra sociedad siga sufriendo por el temor a dañar los sentimientos y emociones de un grupo pequeño. Nuestros formularios de peticiones deben ser sencillos. Si nos acogemos a las demandas de todos los ciudadanos y sus necesidades, entonces los formularios serán muy largos para que cada uno describa y ponga una «X» en el género o en la especie o en la cosa que ha decidido ser.

Si desea leer el artículo sobre el hombre «Transespecie» puede hacerlo en el siguiente link: https://www.infobae.com/sociedad/2020/12/04/se-implanto-dos-aletas-en-el-craneo-para-experimentar-nuevos-sentidos-no-me-considero-100-humano/

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Día 22 de la segunda parte del libro «125 Días». Qué es el amor Eros…

Palacio de Versalles. Francia.

DÍA 22

El aparato de color amarillo, seguía moviéndose de lado a lado por las calles de Santiago. De repente, entró a un lugar residencial muy elegante, allí todo se observaba ordenado y solitario. Lleno de árboles, con la sensación aire puro, los andenes bien hechos, y con el pavimento que no nos hacía saltar tanto. Kirk me habló, casi gritando, por causa del ruido que emanaba el automotor, me dijo que teníamos que bajarnos pronto. Cuando llegamos, el frente de la casa tenía una puerta en madera alta y ancha, con pequeñas ranuras, que permitían observar un poco la parte interior. En el fondo, se veía una casa pequeña y un recorrido del jardín bastante largo. Kirk tenía las llaves, pero antes de entrar, se detuvo para anunciarme algo importante. Me aseguró, seriamente, que él siempre tenía que ver con el número 13. Dijo que me fijara en el número de la entrada que era 1376, es decir, su fecha de nacimiento, el día 13 y el año 76. Recordé el número del asiento que me había correspondido en el bus de Oruro a Iquique, cuando recién nos conocimos y también era el número 13, que, por cierto, él me lo había mostrado específicamente aquel día. Me pareció curioso, pero decidí no darle trascendencia, no quería permitir la entrada de una superstición a mi vida espiritual. 

Cuando entramos, observé la casa principal a mi izquierda y la pequeña en el fondo. Después de atravesar el jardín, seguimos por un pasadizo bien iluminado que permitía disfrutar de la mirada hacia las flores. Llegamos a la construcción, la cual tenía una habitación pequeña de tres metros de ancho por tres metros de largo, sin contar con el baño. Ese era el aposento de Kirk. Contenía una cama sencilla, un escritorio y unos estantes blancos de madera, donde ponía la ropa. Salió inmediatamente hacia la grande, y comenzó a llamar a mamá Orlinda. Apareció una señora de setenta años aproximadamente, de baja estatura, con el cabello corto, tinturado de negro, sus ojos también negros profundos, con cejas pobladas. Unos rasgos muy chilenos. Ella abrazó a Kirk, le dio un beso efusivo en la mejilla, se notaba que era un buen inquilino. Kirk me presentó a la señora que sonreía sin parar. Le contó por encima, que nos habíamos conocido en Oruro y que llevábamos cuatro días viajando juntos. Ella en medio de la emoción, no le puso cuidado a las cosas que decía. En cambio, siguió hablando y le aseguró que nos iba a preparar desayuno. Me sentía un poco avergonzada por la amabilidad de la señora Orlinda, pero también feliz porque estaba en un hogar, en una casa con familia. 

Regresamos nuevamente a la habitación. Kirk entró al baño para alistarse, tenía que salir rápidamente hacia la universidad con el fin de estudiar Castellano. Me quedé sentada en la cama, pensando en lo que tenía qué hacer para vender los pies de gato a los escaladores chilenos. Afortunadamente tenía la dirección de un muro artificial de escalada muy famoso.

Cuando Kirk salió limpio y con el cabello mojado, le mostré la dirección, para que me ayudara a encontrarla. Afirmó que sabía por dónde, pero no exactamente. Después que me bañé, nos fuimos hacia el comedor a desayunar. Tomamos café con pan, mantequilla y mermelada, estaba muy rico, especialmente porque fue preparado por una mamá. Kirk propuso que nos fuéramos juntos en el mismo bus y que podíamos preguntarle a alguien, cuál era la calle. Las direcciones en Chile, se encontraban con el nombre y el número y no como en Colombia, que era únicamente con números de calles y carreras, sin los nombres, siendo más fácil ubicarlas sin necesidad de mapa.

Nos subimos juntos en el bus grande y amarillo, pero esta vez más tranquilos y limpios. También sonreíamos al sentirnos acompañados. Hasta ese momento nada había logrado separarnos. Su cercanía me fascinaba, mirarlo era indescriptible ya que lo veía supremamente guapo, con sus ojos azules, su cabello café claro, su estatura y figura como la del actor norteamericano Mickey Rourke joven, antes de todas las cirugías que se hizo cuando empezó a envejecer. Analizarlo era encantador.

En ese momento nuestras miradas fugaces habían cambiado. El hecho de haber sentido la posibilidad de separarnos y no haberlo hecho, hacía que esos minutos los disfrutáramos al máximo. El “eros” tal como lo explica C. S. Lewis había aparecido entre nosotros, pues nos sentíamos “enamorados” tal como lo conocemos en las películas. Lo interesante es que el apologista hace una gran diferencia y lo separa por completo de la sexualidad. A esa parte de la unión sexual, la denomina “venus”. Dice que venus llega a formar parte del eros en algún momento. Pero también informa que venus no necesariamente está acompañado de eros cuando, por ejemplo, se lleva a cabo una relación sexual ocasional. Muchos matrimonios en la antigüedad, se arreglaron como un deber o compromiso y no con eros ni venus precisamente. Este enamoramiento con venus incluido y su búsqueda desesperada, es más de la modernidad. Los matrimonios ancestrales se sostuvieron por compromiso de una promesa. Según Lewis, Dios no quiso, en su diseño original, que un matrimonio se sustentara únicamente por el sentimiento de estar “enamorado” y con venus inmiscuido, sino que se sostuviera por un acto más prosaico que es el deber, el compromiso, la promesa y no el sexo (Venus) ni el enamoramiento (Eros), que pueden llevar muchas veces al pecado o al adulterio cuando al deber o al compromiso los hacemos desaparecer. Él ha dicho, que Dios no ha querido que la distinción entre pecado y deber, dependa de sentimientos sublimes o enamoramientos pasajeros. Lewis escribió lo siguiente: “Entiendo por “eros” ese estado que llamamos “estar enamorado”; o, si se prefiere, la clase de amor “en que” los enamorados están. La sexualidad forma parte de nuestro tema sólo cuando es un ingrediente de ese complejo estado de “estar enamorado”. Que esa experiencia sexual puede producirse sin eros, sin estar enamorado, y que ese eros incluye otras cosas, además de la actividad sexual, lo doy por descontado. […] Al elemento sexual carnal o animal dentro del eros voy a llamarlo -siguiendo una antigua costumbre- venus. […] La sexualidad puede actuar sin eros o como parte del eros. […] Si todos los que yacen juntos sin estar enamorados fueran abominables, entonces todos provenimos de una estirpe mancillada. Los lugares y épocas en que el matrimonio depende del eros son una pequeña minoría. La mayoría de nuestros antepasados se casaban a temprana edad con la pareja elegida por sus padres, por razones que nada tenían que ver con el eros. Iban al acto sexual sin otro “combustible”, por decirlo así, que el simple deseo animal. Y hacían bien: cristianos y honestos esposos y esposas que obedecían a sus padres y madres, cumpliendo mutuamente su “deuda conyugal” y formando familias en el temor de Dios. En cambio, este acto realizado bajo la influencia de un elevado e iridiscente eros, que reduce el papel de los sentidos a una mínima consideración, puede ser, sin embargo, un simple adulterio. Puede también romper el corazón de una esposa, engañar a un marido, traicionar a un amigo, manchar la hospitalidad, y causar el abandono de los hijos. Dios no ha querido que la distinción entre pecado y deber dependa de sentimientos sublimes. Ese acto, como cualquier otro, se justifica o no por criterios mucho más prácticos y definibles; por el cumplimiento o quebrantamiento de una promesa, por la justicia o injusticia cometida, por la caridad o el egoísmo, por la obediencia o la desobediencia. […] Habrá quienes en un comienzo han sentido un mero apetito sexual por una mujer y más tarde han llegado a “enamorarse” de ella; pero dudo de que eso sea muy común. Con mayor frecuencia lo que viene primero es simplemente una deliciosa preocupación por la amada: una genérica e inespecífica preocupación por ella en su totalidad. Un hombre en esa situación no tiene realmente tiempo de pensar en el sexo; está demasiado ocupado pensando en una persona. El hecho de que sea una mujer es mucho menos importante que el hecho de que sea ella misma. Está lleno de deseo, pero el deseo puede no tener una connotación sexual. Si alguien le pregunta qué quiere, la verdadera respuesta a menudo será: “Seguir pensando en ella”. Es un contemplativo del amor.” [1]       

El estado en el que nos encontrábamos con Kirk era espectacular. Cada vez que nos mirábamos había felicidad en nuestros ojos. Sin embargo, este combustible del enamoramiento no es suficiente para establecer una relación duradera. Por eso, Lewis explica, que Dios no fundamenta el cumplimiento de los principios, en sentimientos pasajeros, sino en acciones prosaicas como el compromiso, las promesas, los deberes y los juramentos. Esto lo hace con el fin de evitar las emociones que son tan fluctuantes en nuestro interior. Moisés le informó claramente al pueblo de Israel, que con el Señor no se juega y que nuestros compromisos, pactos, promesas y juramentos se deben cumplir. Por eso está descrito allí, en su Palabra, para que nos quede como ejemplo y seamos comprometidos con los pactos. Él les advirtió lo siguiente: “De esta manera instruyó Moisés a los israelitas conforme a lo que el Señor le había mandado. Se dirigió Moisés a los líderes de las tribus israelitas y les dijo: -Esto es lo que el Señor ha mandado. Si alguien hace una promesa al Señor o se impone con juramento una obligación a sí mismo, no quebrará su palabra, sino que cumplirá aquello a lo que se comprometió.” [2]

¿Tenemos claro que el cumplimiento de los compromisos, no debe depender de sensiblerías y emociones, que pueden ser pasajeras?


[1] C. S. Lewis (2006). Los cuatro amores. Editorial Rayo. New York, U. S. A. pp. 103-105

[2] Números 30:1, 2 BLPH La Palabra (Hispanoamérica)

Si quieres leer la primera parte del libro «125 Días» puedes hacerlo en formato electrónico o impreso, mirando el siguiente link: https://paolavelez.com/precio-de-los-libros/

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Biografía de Antonio Cruz. Autor escogido para el día 7 del libro «125 Días». Los creyentes no podemos monopolizar a Cristo, ni tampoco tenemos la exclusividad de la bondad, la moral o la esperanza…

Torre Agbar, Barcelona. España.

Antonio Cruz, Nació en Úbeda, provincia de Jaén (España) el 15 de julio de 1952. Licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de Barcelona el 17 de Marzo de 1979 y Doctor en Biología por la misma Universidad de Barcelona el 10 de julio de 1990.

Hasta su jubilación en 2012 fue Catedrático de Biología y Jefe del Seminario de Ciencias Experimentales del Instituto Investigador Blanxart en Barcelona. Investigador del Centro de Recursos de Biodiversidad Animal del Departamento de Biología Animal de la Universidad de Barcelona. Ha trabajado en diversas investigaciones zoológicas y descubierto numerosas especies de crustáceos isópodos.

Ha publicado numerosos artículos en revistas científicas españolas y europeas especializadas en biología y zoología; así como artículos sobre temas de ciencia en diversos periódicos y revistas generales. Ha tomado parte en múltiples debates en programas de radio y TV y participado en numerosos Congresos Científicos en España y en el extranjero.

Es pastor-colaborador de la Iglesia Evangélica Unida de Terrassa (Barcelona) España y Profesor del Centro de Estudios Teológicos en Barcelona. Coordinador en cuestiones de bioética del «Congrés Protestant de Catalunya». Fue invitado para participar en el Seminario Interconfesional sobre Perspectiva cristiana de la clonación humana en la Facultad de Teología de Barcelona. Autor de numerosos libros cristianos publicados por CLIE y otras editoriales.

Escribe un texto muy importante sobre la necesidad de respetar los sistemas religiosos: Por eso el cristianismo debe vaciarse y salir de sí mismo, como hizo Jesús. Tiene que abrirse a todas las tradiciones culturales por medio de una actitud humilde dialogan y servicial. Los creyentes no podemos monopolizar a Cristo, ni tampoco tenemos la exclusividad de la bondad, la moral o la esperanza. […] Lo único que podemos y debemos hacer, es señalar y preparar el camino que conduce a Él. […] Sólo mediante ese amor al prójimo será posible que en este planeta los besos destierren por fin a las pistolas. (El cristiano en la aldea global. Editorial vida. Páginas 73-76)

El anterior texto esta ubicado en el día 7 del libro 125 Días. Puede conseguirlo electrónico en el siguiente enlace: https://www.smashwords.com/books/view/1034552

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Todos los textos e imágenes son propiedad de Paola Vélez mientras no se escriba lo contrario. La portada del libro «El Cristiano en la aldea global» y la fotografía de Antonio Cruz fueron tomadas de Internet.

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Audio Día 5 de 125 Días. «Me curé de la perniciosa tendencia de comparar y preferir, especialmente cuando se trata de la naturaleza.» C. S. Lewis.

Tibaná, Boyacá.

Si desea comprar el libro 125 Días electrónico, puede hacerlo en el siguiente link: https://www.smashwords.com/books/view/1034552

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Todas las fotografías, textos y audios son propiedad de Paola Vélez mientras no se diga lo contrario.

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Funcionalidad de la familia en la pandemia. G. K. Chesterton.

Jenesano, Boyacá.

Chesterton en su libro “El amor o la fuerza del sino” hace una defensa de la familia incomparable. Describe magistralmente el papel de la mujer dentro del hogar y el bienestar de los seres humanos dentro de un buen matrimonio, entre otros. Por eso es muy pertinente para el tema de la familia completa (papá y mamá al mismo tiempo) leer sus escritos, para tratar la tarea titánica de encausar de nuevo a la sociedad dentro de un orden que se ha abandonado, debido al debilitamiento de la familia, del matrimonio y del papel del hombre en el hogar. Asegura que el hogar es el único sitio en el mundo donde podemos hacer realmente lo que queremos. Es el único lugar donde realmente se encuentra la aventura. Por fuera de él, sólo se esconde un mundo lleno de reglas y de horarios establecidos. Así expuso su paradoja: “Pero de todas las ideas modernas engendradas por la mera abundancia material, la peor de todas es la idea de que la vida familiar es aburrida y sosa. […] Porque la verdad es que, para la gente moderadamente pobre, el hogar es el único sitio donde hay anarquía. […] En cualquier otro sitio a donde vaya debe aceptar las reglas estrictas del taller, de la fonda, del club o del museo. Pero en su propia casa, puede comer en el suelo si así le apetece. Para quien se gana la vida trabajando duramente, el hogar no es el sitio domesticado y manso en un mundo lleno de aventuras. Es el sitio indómito y libre en un mundo lleno de reglas y tareas fijas. El hogar es el sitio en donde podemos poner la alfombra en el techo o las tejas del techo por el suelo si nos da la gana. […] Entre las tradiciones que están siendo atacadas así, no de manera inteligente sino de forma por completo vacía de toda inteligencia, está la creación humana fundamental llamada la familia o el hogar. Es una de las cosas más típicas que los hombres atacan no porque puedan entenderla de punta a cabo, sino porque no la entienden en absoluto. […] Si Ricardo o Susana desean destruir la familia porque no ven qué utilidad tiene, digo lo que dije al principio: si no ven para qué sirve, harían mucho mejor en preservarla. No tienen ningún derecho en destruirla ni siquiera en pensarlo, hasta que no hayan visto para qué sirve. […] Pero se hace a menudo la increíble y extraordinaria sugerencia de que esta fuga del hogar es una escapada hacia una mayor libertad […] Pero lo principal es que el mundo fuera del hogar se encuentra ahora mismo bajo una rígida disciplina y rutina, y solo dentro del hogar encuentra un sitio para la individualidad y la libertad. […] Pero de todos modos es obvio que, cien empleados en un banco o cien camareras en una cafetería, están más regimentados y bajo control, que lo están los mismos individuos cuando cada uno de esos hombres y mujeres regresan a su casa o aposento adornados con sus cuadros favoritos.” (G. K. Chesterton. El amor o la fuerza del sino. Editorial Rialp. Páginas 71, 81, 95)

Este texto está contenido dentro del capítulo 2 del libro: «Las Mujeres Son Malas, Los Hombres Son buenos Por Naturaleza». Puede conseguirlo electrónico en el siguiente link: https://wordpress.com/view/paolavelez.com

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